Cuando se trata de tocar el tema del mercado del oro, muchos son los aspectos que se deben cuidar para no dejarse llevar por apariencias, trampas o malos consejos de expertos que, en el mejor de los casos por error, y en el peor por mala fe, orillan a los inversores a tomar malas decisiones. Como dijo un clásico, aquel que engaña siempre encontrará a alguien que se deje engañar.

Lo mismo aplica para los medios de comunicación especializados, que por su dinámica propia muchas veces conducen a anticipar conclusiones, a poner encabezados en las notas que no se corresponden con lo declarado por alguien, a interpretar de forma equivocada algún comentario, etc. Lo mejor, en todo caso, es conocer los hechos, ponderar las opiniones de los diferentes expertos en la materia y asumir uno mismo las consecuencias de sus determinaciones.

Así las cosas, pese a todo el ruido que existe en su entorno, la realidad es que la dupla de metales preciosos, oro y plata, sigue inmersa en un mercado alcista mayor que dista mucho de haber llegado a su fin, y que casi nació con el siglo. Dicho de otro modo, el “toro” de oro, no ha muerto. Esta circunstancia, por supuesto, no obsta para que a lo largo del camino haya correcciones también mayores, como la que inició hace más de nueve meses en el oro y casi 14 en la plata, pero que deben verse como lo que son: un descanso en el camino, no el fin de sus mejores tiempos.

En este sentido, cabe subrayar que incluso afamados inversores de la talla de George Soros, por ejemplo, han estado equivocados más de una vez respecto al oro. Cómo olvidar que él mismo se deshizo del 99 por ciento de sus posiciones en el metal, durante el primer trimestre de 2011, en que promedió apenas 1,384.37 dólares la onza. Hubo quien interpretó esto como “el comienzo del final” de este mercado al alza. Vaya decepción para quien meses más tarde, vieran subir su cotización a un nuevo máximo histórico por encima de los 1,900 dólares. Perdieron el tren.

El mismo Soros parece haber querido enmendar su falla, al adquirir acciones del mayor fondo cotizado de oro del mundo, elSPDR Gold Trust (GLD) en el tercer trimestre de ese mismo año, cuando el oro promediando 1,700 dólares la onza. Vaya, vaya. De ahí que encabezados como los que se leyeron en Bloomberg en diciembre pasado, diciendo que Soros veía los precios del metal “al borde de un mercado bajista”, estaban más que desfasados. La prueba es que hoy sabemos, el fondo de este inversionista cuadruplicó su participación en el GLD en los primeros tres meses de 2012, con el metal a una media de 1,690 dólares. Esta vez, seguro que no quiere equivocarse.

Desde entonces la corrección del oro ha continuado, y desde el punto de vista técnico es posible que la tendencia continúe por varios meses más, a nuevos mínimos, sobre todo en el caso de una eventualidad comparable a aquella quiebra de Lehman Brothers. Sin embargo, la fortaleza e independencia que el rey de los metales ha demostrado en las últimas jornadas en que los principales índices bursátiles se han desplomado, son solo una pequeña señal que, entrelíneas, nos dice que al final del camino seguirá siendo el último refugio de pie.

Después de todo, su condición de dinero junto con la plata, lo aparta del resto de las materias primas (commodities), y lo pone en una posición de privilegio dual, desde donde sorteará las vicisitudes propias de un colapso deflacionario como el que estamos atestiguando, que gobiernos y bancos centrales querrán seguir compensando con las falsas medicinas de los déficits públicos y masivas impresiones monetarias (QE). La verdadera época de oro, está por venir.

Autor: Guillermo Barba

Fuente: Oro y Finanzas

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